ALGUIEN DIJO, BIENAVENTURADOS LOS POBRES…

Lo curioso es que esta mujer estaba sentada justo debajo de la terraza de un restaurante.
Recuerdo que tu tenías un pobre, cada semana le dabas un cuarto de pollo, a veces, algunas monedas. Era tu pobre.
Recuerdo que la abuela tenía pobres fijos, que a ritmos más o menos constantes pasaban por la casa, se saludaban y ella les daba, no sé,  algo de comida, unos céntimos  y recuerdo que en la puerta de la casa había una señal, en lenguaje de pobres, que quería decir que los pobres podían llamar y serían atendidos.
Claro, estas cosas yo las veía solo en verano, en vacaciones y una vez se lo pregunté, a la abuela claro, fué cuando me enseñó la señal, entre la puerta de la calle y la ventana de la habitación del abuelo, bastante a ras de suelo, como a un palmo, era como una cruz torcida y un palo corto al lado, o algo parecido, ya hace tantos años.
ICARIA, LA POBREZA.
Icaria era un lugar maravilloso, los pobres eran pobres de vocación, todos tenían su casa y salían a pedir para que los demás pudieran ser generosos y sentir que amaban a su prójimo, para que pudieran experimentar el amor y la caridad.
A veces, por sorteo, te tocaba hacer de pobre, en realidad casi esperabas poder ser el pobre de la semana. Era tan hermoso ver el cariño con el que te ofrecían sus regalos tus vecinos, era divertido mirarlos de reojo mientras te alejabas y ellos se quedaban con la mirada en el cielo.
¿Qué es lo que hacemos para ayudar a los pobres que no son de Icaria?.
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