Archive for enero, 2009

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen tiempo para perder el tiempo.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio, ni pueden comprarlo.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas se han olvidado de volar.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar mierda, como si fuera aire, sin pagar nada por ella.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen más libertad que tener la libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre solos.

Pobres, lo que se dice pobres, son los que no saben que son pobres.pobreza

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JÓVENES DESPIERTOS

¿Por qué el 80% de la población se muere de hambre mientras nosotros nadamos en una abundancia relativa o precaria pero no por ello menos real?

Sabemos que zonas como África o Latinoamérica tienen infinitamente más recursos petrolíferos, minerales y humanos que Europa o Estados Unidos.

¿Cómo explicar, partiendo de esto, la actual distribución de la riqueza?

¿Es casualidad que esas zonas fueran colonizadas y esclavizadas durante siglos por nuestros antepasados?

Las multinacionales europeas y norteamericanas tienen en propiedad los más importantes recursos de África, zonas de Asia y América Latina, y los siguen explotando cada día.

Luego reinvierten sus capitales aquí, lo que hace que (aunque tanto en Somalia como en España haya ricos y pobres) no sea lo mismo nacer pobre en España que nacer pobre en Somalia.

Acabo de escribir lo que todos sabemos o intuimos -porque en el fondo no somos tan tontos- pero también algo que nunca nos dicen en la televisión. ¿Es más terrible escribirlo claramente que beneficiarse de ello sin escribirlo?

Pero sigamos pensando. Sabemos también, porque lo dicen los datos de las propias Naciones Unidas, que el nivel de vida y consumo que tenemos en el Primer Mundo sería materialmente imposible de generalizar a todo el planeta (se calcula que harían falta tres planetas Tierra para ello).

Dado que sólo hay una Tierra ¿alguien puede darme algún argumento por el cual los que nacemos aquí tengamos derecho a vivir muy por encima del resto del mundo? Algo así sólo puede sostenerse recurriendo a la supremacía racial.

Por lo tanto, cualquier persona crítica y que piense se encontrará inevitablemente ante dos opciones: o estar tajantemente en contra de la economía de libre mercado, o caer en la más rotunda incoherencia.

Manuel Muñoz Navarrete (para Jóvenes Despiertos)
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La UE planea aliarse con los pobres contra el cambio climático

BRUSELAS (Reuters) – La Unión Europea estudia establecer una alianza con los países más pobres del mundo para ayudar a hacer frente a los crecientes problemas relacionados con el cambio climático, dijo el martes la Comisión Europea.

“Los países en vías de desarrollo serán los más afectados por los efectos del cambio climático y por ello necesitan nuestra ayuda para mitigar el cambio climático y adaptarse a los cambios que ya están ocurriendo”, dijo la Comisión en un comunicado.

Siete de los diez desastres naturales que han dejado más muertes de los últimos años se han producido entre 2000 y 2006, dijo la Comisión, que ha hecho de la lucha contra el cambio climático una prioridad en sus políticas.

Bruselas proporciona a las naciones en vías de desarrollo ayuda de emergencia y la nueva alianza les ayudará, especialmente a los estados más pobres, a prepararse para futuros desastres a través de la financiación de sistemas de alerta, técnicas especiales de irrigación y otros proyectos.

El plan también perseguirá recortar las emisiones de la deforestación – un contribuyente importante para el alza de los niveles de gases de efecto invernadero – y ayudar a los países en vías de desarrollo a aprovecharse del mercado mundial del carbono.hambre

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Quizás sea en las diferencias en el consumo donde las desigualdades aparecen con mayor claridad: por cada unidad de pescado que se consume en un país pobre, en un país rico se consumen 7; para la carne la proporción es 1 a 11; para la energía 1 a 17; para las líneas de teléfono 1 a 49; para el uso del papel 1 a 77; para automóviles 1 a 145. El 65% de la población mundial nunca ha hecho una llamada telefónica… ¡y el 40% no tiene ni siquiera acceso a la electricidad! Un dato del consumo que impresiona particularmente, y que resume muy bien las desigualdades, es que un niño de un país industrializado va a consumir en toda su vida lo que consumen 50 niños de un país en desarrollo.

¿Y qué podemos decir de las diferencias en educación? Mientras en países como el Reino Unido se estudia la forma de lograr que el 90% de los jóvenes sigan estudiando más allá de los 17 años, al terminar el periodo de escolarización obligatoria, millones de niños siguen sin acceder a la alfabetización básica. Se niega el derecho a la educación a millones de niños y, sobre todo, niñas, y se les condena a una vida sin perspectivas… sin que siquiera tenga sentido reclamar la prohibición del trabajo infantil, si ello no va acompañado de otras medidas que garanticen su supervivencia, porque la alternativa suele ser la criminalidad y la prostitución. Y, como reconoce el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), “la educación insuficiente y la falta de acceso a la información hace que a millones de personas de todo el mundo les resulte muy difícil comprender cómo prevenir y curar enfermedades” – desde los problemas respiratorios hasta la malaria o el SIDA- que “merman la productividad de las personas y suelen representar un importante lastre para las familias”.

Y va a seguir agravándose la explotación de los ecosistemas hasta dejarlos exhaustos. El PNUD recuerda que “la pobreza suele confinar a los pobres que viven en el medio rural a tierras marginales, contribuyendo así a la aceleración de la erosión, al aumento de la vulnerabilidad ecológica, a los desprendimientos de tierras, etc.”. E insiste: “La pobreza lleva a la deforestación por el uso inadecuado de la madera y de otros recursos para cocinar, calentar, construir casas y productos artesanales, privando así a los grupos vulnerables de bienes fundamentales y acelerando la espiral descendente de la pobreza y la degradación medioambiental”. En resumen, no somos únicamente los consumistas del Norte quienes degradamos el planeta (ver Un consumo responsable). Los habitantes del Tercer Mundo se ven obligados, hoy por hoy, a contribuir a esa destrucción, de la que son las principales y primeras víctimas: pensemos, por ejemplo, que se ha demostrado “la relación directa y estrecha entre los procesos de desertificación (que produce hambrunas) y los alzamientos y revueltas populares en el mundo en desarrollo” (Delibes y Delibes, 2005). Pero esta destrucción afectará cada vez más a todos. El PNUD lo ha expresado con nitidez: El bienestar de cada uno de nosotros también depende, en gran parte, de que exista un nivel de vida mínimo para todos.

La reducción de la pobreza y la universalización de los Derechos Humanos se convierte así en una necesidad absoluta para la supervivencia de la especie humana y aunque sólo sea por egoísmo inteligente es preciso actuar, porque la prosperidad de un reducido número de países no puede durar si se enfrenta a la extrema pobreza de la mayoría (Folch, 1998; Mayor Zaragoza, 2000; Vilches y Gil, 2003; Sachs, 2005). Las sociedades del bienestar, nos recuerda Mayor Zaragoza, no podrán mantener permanentemente lejos de sus fronteras las inmensas bolsas de miseria y se generarán focos de inmigración imparables (ver Conflictos y violencias)

Esta pobreza extrema está vinculada al conjunto de problemas que caracterizan la situación de emergencia planetaria, desde la degradación de los ecosistemas o el agotamiento de los recursos a la explosión demográfica y se traduce en enfermedades, hambre literal y, en definitiva, en baja esperanza de vida.

Por lo que se refiere a las enfermedades, en las últimas décadas del siglo XX hemos asistido a un fuerte rebrote de las enfermedades parasitarias asociado a las dificultades de acceso al agua potable y a carencias en los servicios de salud. Las grandes concentraciones humanas que el crecimiento demográfico ha propiciado han favorecido la extensión de enfermedades víricas como el SIDA, provocando fuertes descensos en la esperanza de vida en países como Zambia (¡apenas 37 años de esperanza de vida!), Malawi (39) o Mozambique

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