OPTAMOS POR LOS POBRES

Y lo hacemos desde una primera y rotunda afirmación: la pobreza es mala y los pobres están “tocados” y prostituidos por ese mal. No se trata, por tanto, de una glorificación ingenua de la pobreza: hay que combatirla.

Optamos por los pobres tal y como lo hizo Jesús. “Para Jesús evangelizar fue simplemente dar la buena noticia. Pero ¿a quién dio la buena noticia? Precisamente a los pobres, marginados, prostitutas, etc… El dar la buena noticia significaba que Jesús simplemente devolvía la esperanza a la gente. Pero ¿cuál era la esperanza que daba Jesús? No que el Dios bueno te va a salvar cuando te mueras, sino que tú tienes posibilidades de salir del pozo donde estás” (Enrique de Castro: “Vivencias e interrogantes desde el mundo de la marginación” en “Encuentro con la marginación juvenil”, p. 108).

Punto de partida: hay que ir allí donde haya pobres, y fundamentalmente los más pobres. Plantearnos ir allí donde nadie quiere ir. Hay que descubrir, por tanto, quiénes son esos pobres.

Antes de meterse de lleno: analizar la situación de esos pobres concretos. Detectar los mecanismos que producen su pobreza y las consecuencias.

Encarnarse: meterse en su realidad y trabajar desde su propia realidad, descubriendo desde allí lo que hay que hacer. Todo lo que se hace desde “fuera” no es efectivo a la larga.

Ir hacia los pobres, “encarnarnos” en su lugar social, para:

. ser testigos del Jesús pobre y solidario,

. solidarizarnos con ellos,

. participar en acciones transformadoras con ellos y hacia ellos (evitando nuestro protagonismo y fomentando el de ellos),

. efectuar denuncias, tanto hacia fuera como hacia dentro de la Iglesia,

. potenciar la esperanza.

Vivir en función de ellos: la realidad de los pobres es la que irá cuestionando nuestra forma de vida, una forma de vida que responda a ese estar con ellos. Nuestra vida tiene que irse reorganizando en función de ellos.

Su realidad nos cuestionará:

. nuestra vivienda,

. nuestro proyecto de vida,

. nuestros esquemas mentales,

. nuestros programas, horarios, plan de trabajo, etc.

Ello nos tiene que llevar a autoanalizar nuestro “lugar social” y variarlo, reformularlo, si queremos hacer una coherente opción por los pobres.

Algunas actitudes imprescindibles:

– Convencerte de que “el otro” (el pobre) es exactamente igual que yo, y que si yo puedo ofertarle algo de mi parte también puedo recibir de él. El problema es que muchas veces vamos sólo como ofertadores, y esto al pobre siempre le molesta. Se siente mucho más importante cuando es capaz de pensar que él también aporta algo.

Partir siempre del otro, de su propia realidad; no imponer nunca nuestros esquemas, derechos, planes, etc. Primero estar con el otro, y a partir de ahí y junto con él ver qué se puede hacer.

Pasar del lado de ellos, que no es hacerte del todo como ellos (porque eso es imposible, además de inconveniente) pero sí con ellos. Si nos ven en el otro lado nos tratarán con cierta prevención.

– Austeridad de vida. No se pueden hacer gastos en plan consumista cuando hay gente que pasa hambre. La forma de vida tiene que ir en la línea de una familia trabajadora tirando abajo.

No puede haber una opción real por los pobres que no comporte renuncias económicas importantes. Plantearse en serio la comunicación de bienes con los pobres, potenciando no tanto el dar dinero al primero que te lo pide sino aportando dinero a nivel general para el beneficio de todos. El pobre, a veces, es bastante egoísta y quiere una atención inmediata, muy exclusiva.

– Encarnarse en sus luchas, asociaciones, etc., cuando éstas existan. Pero no para ser nosotros los protagonistas sino ellos: cuanto más suya sea la lucha, más importante será.

– Importancia de la hospitalidad: casa abierta y acogedora, a cualquier hora y por la razón que sea. Hay que estar disponible y tener unos horarios sumamente flexibles.

– Paciencia. No ir con prisas y, además, a fondo perdido.

– Todo lo anterior no será posible si no estamos muy vocacionados para llevarlo a cabo. Los mismos pobres nos descubrirán si nuestra vocación, nuestro compromiso con ellos, es o no auténtico.

– Espiritualidad coherente: junto a las muchas cosas que se tienen que relativizar, modificar, etc., de nuestra vida anterior es preciso e indispensable que tengamos unas ideas claras y claves. Entre ellas está la necesidad de vida interior, la espiritualidad, porque cuando todo lo demás falla, si esto también falla no tienes nada que hacer. Es fundamental la oración, la interiorización personal muy fuerte. Releer la Biblia y rezar a partir de la opción por los pobres.

Pero no todo tipo de espiritualidad es válida y coherente con la opción por los pobres. Una espiritualidad desencarnada no nos sirve. Necesitamos una oración vinculada a la historia, como la de Jesús que alababa al Dios de los pobres, celebraba sus signos liberadores en la vida, se abría a la acción del Padre en la historia y auscultaba su voluntad (ver Rafael Aguirre “Opción por los pobres y opción de clase”, en Teología y Pobreza, Revista Misión Abierta, noviembre 1981, pág. 192). Oración desde el compromiso.

Obervaciones finales:

– Hasta que no te mojas no empiezas a entender por dónde pueden ir las cosas.

– Conviene hablar con personas que viven de hecho una opción por los pobres y observar sobre el terreno la manera práctica que tienen de llevarla a cabo.

– ¡Ah!, y si estudias plantéate los estudios con una función social. Es preciso revisar nuestras opciones socioprofesionales (estudios, trabajos, etc.) en función de esta opción.

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