Archive for diciembre, 2008

El efecto mariposa contra los países pobres

Un informe de IECAH señala que la ayuda humanitaria pierde espacio en los Gobiernos de los ricoscolombia20-20jess20abad1 

Desde que estalló la crisis financiera se ha podido leer lo del efecto mariposa en varias ocasiones. “Si una mariposa en Nueva York bate sus alas, puede provocar una tempestad en Pkín”. Poesía para justificar el derrumbe de los mercados y los bancos centrales, con origen en Estados Unidos, que termina por azotar al carpintero de barrio, al pequeño comerciante o al típico asalariado, cualquiera de ellos un trabajador corriente de los países ricos. Pero si miramos para abajo, al sur, y cambiamos Pekín por cualquier ciudad africana, el manido efecto mariposa nunca ha sido tan cierto y directo: según lo que haga el dichoso insecto de Nueva York, la tempestad es real, y encima puede convertirse en tsunami.

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Los pobres son necesarios

Presuntos expertos en desarrollo de la Universidad de Harvard sostienen que el mundo globalizado es una pirámide cuya base es la pobreza y que esa pobreza es necesaria para que todo se mantenga y funcione. Aceptar esto significa regresar a la sociedad  profundamente injusta de la Edad Media

 

pobresHan pasado casi veinte siglos desde que el publicano Mateo escribiera en su evangelio el reproche de Jesús de Nazaret a sus discípulos: “pobres tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis”, cuando aquéllos protestaron porque una mujer derramó un caro perfume sobre la cabeza del maestro, pero estos profetas del paraíso neoliberal descubren el mensaje religioso y lo travisten en dogma económico inamovible en la sociedad global. ¡Pobre Jesús de Galilea, cuánto y tanto han trastocado tus mensajes!

Tal pésima nueva se conoce en plena conmoción por el huracán Katrina sobre Nueva Orleáns (Louisiana, EEUU) y cuando la Conferencia de Naciones Unidas para Comercio y Desarrollo (UNCTAD) concluye que la economía ha crecido un 4% en 2004. Un crecimiento no traducido en reducción de pobreza.

Que la pobreza es la base del mundo globalizado neoliberal es innegable. El último informe de la Oficina Federal del Censo de EEUU reveló que en el país más rico de la Tierra ya hay 37 millones de pobres (casi un 13%), que los pobres no cesan de aumentar en ese país desde hace cuatro años y que también aumentan los pobres blancos, no solo negros e hispanos. En la próspera Alemania, el número de ciudadanos bajo el umbral de la pobreza ha pasado en cinco años del 12,1% al 13,5%.

En el mundo, denuncia UNICEF, mueren cada día 4.000 niños y niñas porque 400 millones de niños y niñas -casi la quinta parte de la población infantil del mundo-carecen incluso del mínimo de agua potable necesario para sobrevivir. Y eso es pobreza. Según el PNUD (oficina para el desarrollo de ONU) ¡cada tres segundos!, en algún lugar de planeta, muere un niño por causas relacionadas con el hambre.  También  aumenta el número de niños pobres en países ricos. Según el informe “Pobreza infantil en países ricos en 2005” en los países de la OCDE (los más desarrollados) hay entre ¡40 y 50 millones de niños pobres! Y la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) calcula que uno de cada siete habitantes del planeta pasa hambre. Son 852 millones de seres humanos que no pueden alimentarse todos los días o en muchos días. Pobreza significa cientos de millones de dolor, de angustia, de sufrimiento, de indignidad.

Pretender que la pobreza es necesaria para que el mundo funcione es una canallada. Es regresar a la sociedad atrozmente estratificada y profundamente injusta de la Edad Media, es volver a la insoportable organización social esclavista de los tiempos de Roma republicana o imperial… y de siglos posteriores. Es pretender que hay dos clases de seres humanos: una mayoría que sufre y paga las consecuencias y una minoría muy minoritaria que se monta sobre las espaldas del resto la Humanidad y derrocha obscenamente.

Esos pretendidos “expertos” son voceros, mercenarios y estómagos agradecidos del vigente dogma económico neoliberal, el de la libertad ilimitada para el capital (sobre todo financiero), la desaparición de normas y controles, la privatización a ultranza de lo público y la reducción del Estado hasta el enanismo (salvo para guardar el orden ante reacciones y reivindicaciones de los de abajo, base de la pirámide).

Conviene recordar un escrito del periodista Miguel Ángel Bastenier a propósito del desastre de Nueva Orleáns: “En el golfo de México, un huracán ha rendido, indirecta pero cruentamente, homenaje a Keynes, al Estado-Providencia, al Estado-Nación, tan  vituperado en general como necesario. La debacle del Katrina remacha lo que la realidad prueba cotidianamente, que el neoliberalismo no sirve para defender al ciudadano; que el Estado es todavía insustituible. Neoliberalismo, licuefacción del Estado, confianza ciega en el mercado, y que el resto corra a cargo de las ONG, es igual a la ley de la selva. El Estado es todavía lo que nos separa de una barbarie”.

O superamos el dogma neoliberal –política, económica y culturalmente hablando- o el neoliberalismo acabará con la Humanidad.

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OPTAMOS POR LOS POBRES

Y lo hacemos desde una primera y rotunda afirmación: la pobreza es mala y los pobres están “tocados” y prostituidos por ese mal. No se trata, por tanto, de una glorificación ingenua de la pobreza: hay que combatirla.

Optamos por los pobres tal y como lo hizo Jesús. “Para Jesús evangelizar fue simplemente dar la buena noticia. Pero ¿a quién dio la buena noticia? Precisamente a los pobres, marginados, prostitutas, etc… El dar la buena noticia significaba que Jesús simplemente devolvía la esperanza a la gente. Pero ¿cuál era la esperanza que daba Jesús? No que el Dios bueno te va a salvar cuando te mueras, sino que tú tienes posibilidades de salir del pozo donde estás” (Enrique de Castro: “Vivencias e interrogantes desde el mundo de la marginación” en “Encuentro con la marginación juvenil”, p. 108).

Punto de partida: hay que ir allí donde haya pobres, y fundamentalmente los más pobres. Plantearnos ir allí donde nadie quiere ir. Hay que descubrir, por tanto, quiénes son esos pobres.

Antes de meterse de lleno: analizar la situación de esos pobres concretos. Detectar los mecanismos que producen su pobreza y las consecuencias.

Encarnarse: meterse en su realidad y trabajar desde su propia realidad, descubriendo desde allí lo que hay que hacer. Todo lo que se hace desde “fuera” no es efectivo a la larga.

Ir hacia los pobres, “encarnarnos” en su lugar social, para:

. ser testigos del Jesús pobre y solidario,

. solidarizarnos con ellos,

. participar en acciones transformadoras con ellos y hacia ellos (evitando nuestro protagonismo y fomentando el de ellos),

. efectuar denuncias, tanto hacia fuera como hacia dentro de la Iglesia,

. potenciar la esperanza.

Vivir en función de ellos: la realidad de los pobres es la que irá cuestionando nuestra forma de vida, una forma de vida que responda a ese estar con ellos. Nuestra vida tiene que irse reorganizando en función de ellos.

Su realidad nos cuestionará:

. nuestra vivienda,

. nuestro proyecto de vida,

. nuestros esquemas mentales,

. nuestros programas, horarios, plan de trabajo, etc.

Ello nos tiene que llevar a autoanalizar nuestro “lugar social” y variarlo, reformularlo, si queremos hacer una coherente opción por los pobres.

Algunas actitudes imprescindibles:

– Convencerte de que “el otro” (el pobre) es exactamente igual que yo, y que si yo puedo ofertarle algo de mi parte también puedo recibir de él. El problema es que muchas veces vamos sólo como ofertadores, y esto al pobre siempre le molesta. Se siente mucho más importante cuando es capaz de pensar que él también aporta algo.

Partir siempre del otro, de su propia realidad; no imponer nunca nuestros esquemas, derechos, planes, etc. Primero estar con el otro, y a partir de ahí y junto con él ver qué se puede hacer.

Pasar del lado de ellos, que no es hacerte del todo como ellos (porque eso es imposible, además de inconveniente) pero sí con ellos. Si nos ven en el otro lado nos tratarán con cierta prevención.

– Austeridad de vida. No se pueden hacer gastos en plan consumista cuando hay gente que pasa hambre. La forma de vida tiene que ir en la línea de una familia trabajadora tirando abajo.

No puede haber una opción real por los pobres que no comporte renuncias económicas importantes. Plantearse en serio la comunicación de bienes con los pobres, potenciando no tanto el dar dinero al primero que te lo pide sino aportando dinero a nivel general para el beneficio de todos. El pobre, a veces, es bastante egoísta y quiere una atención inmediata, muy exclusiva.

– Encarnarse en sus luchas, asociaciones, etc., cuando éstas existan. Pero no para ser nosotros los protagonistas sino ellos: cuanto más suya sea la lucha, más importante será.

– Importancia de la hospitalidad: casa abierta y acogedora, a cualquier hora y por la razón que sea. Hay que estar disponible y tener unos horarios sumamente flexibles.

– Paciencia. No ir con prisas y, además, a fondo perdido.

– Todo lo anterior no será posible si no estamos muy vocacionados para llevarlo a cabo. Los mismos pobres nos descubrirán si nuestra vocación, nuestro compromiso con ellos, es o no auténtico.

– Espiritualidad coherente: junto a las muchas cosas que se tienen que relativizar, modificar, etc., de nuestra vida anterior es preciso e indispensable que tengamos unas ideas claras y claves. Entre ellas está la necesidad de vida interior, la espiritualidad, porque cuando todo lo demás falla, si esto también falla no tienes nada que hacer. Es fundamental la oración, la interiorización personal muy fuerte. Releer la Biblia y rezar a partir de la opción por los pobres.

Pero no todo tipo de espiritualidad es válida y coherente con la opción por los pobres. Una espiritualidad desencarnada no nos sirve. Necesitamos una oración vinculada a la historia, como la de Jesús que alababa al Dios de los pobres, celebraba sus signos liberadores en la vida, se abría a la acción del Padre en la historia y auscultaba su voluntad (ver Rafael Aguirre “Opción por los pobres y opción de clase”, en Teología y Pobreza, Revista Misión Abierta, noviembre 1981, pág. 192). Oración desde el compromiso.

Obervaciones finales:

– Hasta que no te mojas no empiezas a entender por dónde pueden ir las cosas.

– Conviene hablar con personas que viven de hecho una opción por los pobres y observar sobre el terreno la manera práctica que tienen de llevarla a cabo.

– ¡Ah!, y si estudias plantéate los estudios con una función social. Es preciso revisar nuestras opciones socioprofesionales (estudios, trabajos, etc.) en función de esta opción.

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